¡Felices Fiestas para Todos!

Nana2821 de Noviembre de 2017 0 comentarios

Temas:Bienestar y estado de ánimo,Crianza

Érase una vez, hace muy poco tiempo una pequeña niña llamada Any.

Any era la hija menor de su familia y le encantaba las fiestas de fin de año, eran sus preferidas, le gustaba las luces, el pesebre, los árboles de navidad, la alborada, los desfiles de año viejo en el que las personas ataban a sus bicicletas, motos y carros un llamativo muñeco hecho de aserrín que simboliza el año que termina, el cual es quemado a la media noche para recibir al año nuevo como era costumbre en su pueblo.

Any amaba el dulce de Noche Buena que su papá preparaba poniendo en el tejado de la casa papayas al sol durante tres días para luego melarlas en panela y servirlas con natilla, buñuelos, bizcochos y queso. ¡Vaya Delicia! Y ní decir su felicidad en cada una de las novenas de navidad que rezaba sagradamente frente a un gran pesebre fabricado por los vecinos más colaboradores; y con fondos de las personas que sólo suelen dar plata. Tiempo tras tiempo su padre era el encargado de hacer la choza que cubría ese hermoso paisaje navideño, el pesebre era increíble inclusive el río tenía pececitos de verdad. En aquellas gratas novenas llegaban todos los pequeños vecinos, incluso por fortuna se contaba con la compañía de los niños de barrios aledaños muy pobres donde no tenían un pesebre tan grande y bonito; era por ellos que Any y sus dos hermanas mayores recolectaban tapas de gaseosas que aplastaban una a una para luego hacer un agujero y atravesar un alambre, fabricando así unas magníficas maracas, ideales para aquellos chiquitines que carecían de instrumentos que alegraran sus cantos.

Tradicionalmente Any se tomaba la foto con todos sus primos y con el infaltable sombrero de paja que su abuelita materna solía tejer para sus 22 nietos y que siempre le tocaba uno sin terminar como consecuencia de ser en ese momento la última de la estirpe, quedando muy parecida a un espantapájaros bromeaba. Además junto a sus hermanas iniciaban la elaboración y venta de helados caseros; quedando por abierto el negocio luego de sujetar un letrero grande en la puerta de la casa realizado por ellas mismas donde se ofrecía ‘’Deliciosos helados caseros de Maní, Coco, Arequipe y Mora’’ con el dinero recogido que no era mucho más que el de los costos compraban un par de regalos para sus padres.

Los regalos escondidos bajo el árbol eran una total sorpresa, pues en aquella época y sin televisión que antojase a los niños con mil juguetes, sólo se le escribía a Papá Noel en las cartas unas especificaciones generales y así él contaba con su libre albedrío para instruir a sus duendes en el regalo ideal; por eso a Santa hoy en día le queda tan difícil los regalos que piden los niños y a veces no logra tenerlos. Ese año la carta de Any decía: Una muñeca que llore y diga mamá, y en las de sus hermanas estaba una barbie con vestido largo y un peluche grande.

Pero había algo que a Any la entristecía mucho en vísperas, era que la humilde tienda de barrio de sus padres les demandaba mucho tiempo, y las ricas familias que dejaban todo para el final parecían no estar interesadas en la velada de celebración del nacimiento del niño Dios de su familia. Any veía que aquellas personas sólo se interesaban por comprar lo que les faltara para sus maravillosas y perfectas cenas, como consecuencia las ventas de vísperas de navidad incluyendo la misma noche del 24 y del 31 eran las mejores para la economía de sus papás, vendían sin cesar chispitas mariposas, vinos, gaseosas y galletas durante toda la festejación. Mientras sus padres atendían, Any y sus hermanas eran vencidas por el sueño y cerraban sus ojitos sobre costales de arroz y bultos de azúcar bajo los estantes de la humilde tienda de su familia, buscando así al menos estar juntos esa noche.

¿Porqué aquellas personas no respetan las fiestas de su familia?, pensaba Any, no era justo, el anhelo de Any era que nadie más comprara, y así sus padres cerrarían logrando por fin una velada especial, como la de todos, ¡Era lo justo ¿No?! Si Dios prometió que durante la noche en la que se conmemora el nacimiento de su santo hijo, ¡Noche Buena! nadie enfermaría, nadie moriría, nada malo pasaría, para que incluso los médicos y policías festejaran. Entonces ¿por qué Dios no se fijó en su caso? ¿Por qué le robada la navidad a su familia y a la de los demás dueños y empleados de tienda?

Sin embargo, Any no sabía que esas fiestas de fin de año serían diferentes, Dios hizo que todos los niños del mundo escucharan los anhelos de su corazón, y fue así que cada niño se encargó de pedirle y recordarle una y otra vez a sus padres tener todo listo para la Noche Buena y el Año Nuevo, y ¡Vaya Sorpresa! que siendo aún muy temprano y sin ningún transeúnte en la calle, por primera vez en su vida, sus padres bajaron esas inolvidables cortinas grises, y sirvieron a tiempo el pavo, se abrieron los regalos a la hora justa, se dieron el abrazo de fiesta más cálido que nunca y por esa ocasión se durmieron con el corazón lleno.

Dicen que ese Año Nuevo fue aún mejor, y que tiempo tras tiempo los niños cumplieron su objetivo y le regalaron mucha alegría a Any y a todos los que como ella no podían celebrar las fiestas, lograron también que se invitara a las parrandas caseras a los viajeros que solían pasar estas fechas en restaurantes y bares y todos fueron felices.
Así que ahora niños es vuestro trabajo recordad a vuestros padres tener las compras listas de Noche Buena y de Año Nuevo en vísperas, y que todos bailen y gocen, y así esa noche disfrutrar como es debido.
Que de los enfermos ya saben se encarga Dios.

FIN

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Nana28

Biografía:

Mamá de dos niños que hace de todo para poder trabajar desde casa y que ama escribir cuentos e historias para chiquitos.

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